Mi fascinación por los balcones de un verano solar
Siempre me han fascinado los balcones. Y sobre ellos recuerdo una visita muy especialmente, un viaje que hice a Perú hace unos años, a Lima, su capital. Ese viaje me maravilló increÃblemente, pues la hermosura de sus balcones de época colonial me cautivó por completo.
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De pequeño vivÃa en una casa enorme con mis abuelos, digo vivÃa aunque solamente fuera durante el verano, porque esa casa se robó los mejores recuerdos que tengo de mi niñez. Era una casa  de tres pisos, inmensa, con varios jardines y llena de habitaciones, todas las de la segunda y tercera planta con balcones. Cuando papá y mamà nos daban la noticia a mà y a mi hermano de que irÃamos a pasar las vacaciones con los abuelos, la felicidad embargaba mi sonrisa. Ansiosos despachábamos todo en las maletas y aguardábamos el fin de semana a la espera de que mis padres cumpliesen la promesa.
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En Perú recordé gran parte de esa casa, de esos balcones de madera, tallados largamente con adornos suaves y precisos que abrÃan como ojos la visión de las casas, majestuosas entradas de luz que en casa de mis abuelos envolvÃan toda la sala de un anaranjado crepuscular recordándonos que el fin de la tarde habÃa llegado. Era delicioso para mà y mi hermano ver como el sol encajaba con precisión en el balcón principal del segundo nivel y como en el amanecer su luz iba cercando los muebles, el comedor luego y todos los adornos, pasando por el viejo piano ubicado a mitad de la sala y que reflejaba nuestros rostros también alcanzados por la luz.
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Y no era solo el poder de la luz lo que me fascinaba de los balcones, sino también ese maravilloso auge de superioridad que alcanzaba uno al posarse sobre sus barandas y observar el resto del mundo desde allÃ, eso a los ocho años era fascinante.
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En Lima, gran parte de su centro histórico esta constituido por edificaciones coloniales, con balcones hermosamente diseñados sobre madera principalmente y con una majestuosidad generosa y digna de la influencia española sobre toda su arquitectura. La casa de mis abuelos era toda de madera y mi habitación era la única en toda la propiedad que no tenia balcón, tenÃa pero estaba clausurado porque según mi abuelo, la madera estaba muy vieja y las reparaciones habÃan quedado inconclusas. Y como todas las demás habitaciones estaban ocupadas por mis primas, yo despertaba antes del amanecer y corrÃa hacia la sala para ver por el balcón principal la salida del sol. Los atardeceres los veÃamos con mis primas y mi abuela.
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En la actualidad los balcones son menos preferidos que las terrazas, se prefiere más espacio y más seguridad por lo que la madera ha sido remplazada por materiales más resistentes, pero la fascinación por los balcones rústicos y antaños no ha cambiado en mÃ. Sigo esperando la ocasión de adquirir finalmente una propiedad semejante ala de mis abuelos, por ahora debo conformarme con el décimo piso de mi departamento, lleno de modernidad y diseño, pero sin esa maravillosa calidez que presta la madera y el diseño antiguo.
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