Un regalo de cumpleaños
El hijo de mi amigo cumplÃa la mayorÃa de edad, por eso él querÃa sorprenderlo con un regalo que celebrara su independencia. Su hijo era un joven muy aplicado y respetuoso, habÃa sido educado en una de las mejores escuelas y estaba por seguir los pasos de su padre, convertirse en un gran abogado. Su esposa siempre elegante y muy sociable era la anfitriona de las fiestas que hacÃan en su casa.
Nosotros nos conocimos cuando yo le vendà una casa en la playa, Costa Brava. Trabajó como agente inmobiliario y él es uno de mis clientes. Ahora me estaba pidiendo que encuentre un apartamento con todas las comodidades para que su hijo comience su nueva vida. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro, me enteré por uno de mis amigos que el hijo de nuestro jefe estudiaba con el que cumplÃa años y que éste le habÃa dicho que no querÃa ser como su padre. Siempre le reprocho que por su trabajo este lejos de él y de su madre, además el tenÃa un talento innato para la pintura y querÃa ponerlo en practica.
Me reunà con mi cliente que me pidió que querÃa un departamento con sala, comedor, dormitorios, cocina y baño amoblados y que estuviera ubicado en un de las mejores zonas de Madrid. Como conocÃa lo exigente que era, ya me habÃa puesto a buscar, le mostré el catálogo de unos departamentos y de todos los que les mostré sólo le pareció uno. Me solicitó que sea más eficiente en mi trabajo y que encontrar departamentos que cubran sus expectativas.
Ese mismo dÃa estuve buscando y hallé otros departamentos. Al dÃa siguiente fui a mostrárselos y eligió por fin, una ubicado en Arroyo del Freso. En la noche se realizarÃa la fiesta y él ya tenÃa el regalo. Me invitó como cortesÃa y yo acepté, como rechazarlo. Cuando todo estuvo listo para el brindis, él dio las primeras palabras y selló su discurso con la entrega de llaves del nuevo departamento. A su hijo no pareció gustarle mucho la idea pero para no desairarlo lo aceptó. Más tarde en la fiesta el dueño del cumpleaños pidió la palabra, comunicando al público que muy pronto harÃa una exposición de sus pinturas y que todos quedábamos cordialmente invitados. A su padre le cayó como un balde de agua frÃa, él ya tenÃa pensado el futuro de su hijo.
Horas más tarde discutÃan en el despacho, él no querÃa el departamento, al menos no como regalo querÃa hacer algo para merecérselo. Le dijo también a su padre que lo sentÃa por él, pero que su sueño era ser un gran pintor y no lo iba a arruinar por darle el gusto. Desde ese momento los dos no se hablan y no porque el hijo no quiera sino porque el padre se niega a entender que su hijo tiene derecho a decidir que hacer con su vida. La madre trató de hacer cambiar de parecer al padre, pero él hasta ahora no da su brazo a torcer. Eso lo sé por el mismo amigo que me contó lo del hijo.
Del departamento sólo sé que el hijo no lo habita y que su padre lo sigue teniendo hasta que el recapacite.
